Recuerdo de Rosa Emilia Gómez al recibir la noticia de su fallecimiento.

No nos vimos muchas veces desde que nos conocimos. Recuerdo una conferencia de Franco Volpi en la Javeriana, la acompañé hasta el parqueadero y me pidió el teléfono y el correo electrónico. Se que estuvo en el desayuno del lanzamiento de Notas en el Museo del Chicó pero aquel día no nos presentaron. Sin embargo, cuando nos volvimos a ver en el congreso en homenaje al Centenario del nacimiento de su padre fue muy fácil acercarse y disfrutar de su sentido del humor y su sonrisa. En ese evento leí un trabajo sobre el amor y el erotismo en la obra de NGD, por entonces yo me refería a él como “Don Nicolás” incluso en textos académicos. Me negaba al confianzudo “Colacho” que solamente deberían usar unas cuantas personas cercanas a él. Rosa Emilia se rió mucho de mis pudores al leer sobre semejante asunto, intervino con un admirable desparpajo delante de los estudiosos insistiendo en que la obra de su padre era la de un hombre común y corriente, al que le afectaban las mismas cosas que nos afectan a todos y que en los Escolios ella encontraba rastros de la vida cotidiana y amorosa de sus padres, de sus alegrías y disgustos. Años después ella seguía burlándose de mi rubor al hablar del culto de su padre por el cuerpo desnudo. Con ocasión de ese congreso, nos invitó a un coctel de clausura, invitación impresa, fue la única vez que la vi en su casa.
Era alta y se movía con elegancia, su presencia no podía pasar desapercibida en el lugar en el que se encontrara y, al mismo tiempo, podía ser muy sutil y escuchar horas de discusión filosófica con la devoción y el respeto de quien se mueve por un profundo deseo de aprender. Cuando me contó que ella misma había realizado la Antología de los Escolios que Villegas publicó antes de lanzarse a la obra completa en cinco volúmenes quedé muy admirado y más cuando resumió uno de sus criterios : «dejé por fuera los que no entendía porque siendo una edición para el público en general si había un escolio que yo no entendía es de esperarse que otras personas tampoco lo iban a entender», me dijo riéndose. Esa antología es un buen resumen de los grandes temas de los Escolios y una bella puerta de entrada a la obra magna de NGD.
La misma admiración por su inteligencia y su constancia me produjo saber que cuando la familia contemplaba la venta de la biblioteca de su padre al Banco de la República ella misma hizo el inventario de esa biblioteca monstruosa en un archivo de excel gigante y perfectamente ordenado con los datos básicos de los volúmenes que llegarían con el tiempo a la BLAA a conformar uno de sus fondos más valiosos. Pocas veces una herencia cultural ha tenido una custodia más fiel y cuidadosa. Es un trabajo admirable y nos ha ayudado mucho a los investigadores, tanto como el muy completo catálogo de la BLAA. Esa biblioteca pudo ser infinita, pero ella pudo abarcarla con sus manos y sus ojos, a su manera.
Me contó varias veces que nunca tuvo vedado su acceso al santuario intelectual de su padre, que jugó en el piso mientras él leía, que a él le gustaba la presencia de los niños en la biblioteca. Allí recibiría NGD a sus contertulios los domingos en la noche durante varios años. Me contó que su mamá se limitaba a dejarles agua y café a los conversadores, «si quieren tomar algo más que lo traigan ellos», reía Rosa Emilia al recordarlo. Allí había visto intelectuales y políticos, enemigos en el congreso que luego se encontraban cordialmente hablando de libros en el ambiente que su padre disponía hospitalariamente. Con picardía recordaba llegar de fiesta y ver que los señores seguían hablando cháchara cuando ella ya se iba a dormir. La biblioteca en la que hicieron la cama de NGD para que no tuviera que subir las escaleras y se viera rodeado de “estos señores” ,como los llamaba, en los últimos días.
Recuerdo que en 2018 estuvo contenta con la publicación de Facetas y los demás libros de estudios sobre la obra de NGD, desde entonces nos comunicábamos de la forma más extraña para mi: messenger de Facebook , pero eso nos permitía chatear con esas pausas que uno puede tomarse cuando necesita pensar largo las respuestas. Con pausas de semanas enteras ella se tomaba su tiempo para responder mis preguntas sobre la vida de su padre, su relación con él, los años de juventud. Me contó del viaje de sus padres a Europa en 1949. NGD llevó a su esposa por Francia, Italia y España en automóvil, con un conductor, en Notas hay muchas referencias a ese suceso, pero ella sólo recordaba que lo que más le importaba eran los regalos que le trajeron.
Le conté de mi investigación sobre Notas, que me parecía de sus obras la más cercana a mi corazón. En ella siento a un hombre joven que se debate con los grandes problemas y al que todavía mueven pasiones profundas e intensas. Ella me dijo que le pasaba parecido, que reconocía la voz que habitaba esas páginas, de un hombre al que ella conoció y quizo, que después del tiempo comprendía mejor.
Ella me hizo uno de los regalos más bellos posibles: un ejemplar de la primera edición de Notas dedicado y firmado por ella. Estábamos en plena pandemia y no nos vimos para esa ceremonia de amistad y generosidad. Meses más tarde yo le llevé mi tesis doctoral empastada y con el correspondiente agradecimiento. Aún no era tiempo de visitas así que nuestro siguiente se pospuso pero no la comunicación. Ahora que se que esa visita no será en esta vida, espero que la siguiente nos permita cumplirnos la cita.

REG falleció el 21 de diciembre de 2022 en Bogotá.

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