Por Juan Fernando Mejía Mosquera
La generación sin paraguas. Respuesta a la pregunta ¿dónde están los filósofos?
11 respuestas a «La generación sin paraguas. Respuesta a la pregunta ¿dónde están los filósofos?»
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¡Y si hubieran reseñado este blog seguro no habría tanta alharaca! Tal vez se puede interpretar la pregunta ¿dónde están los filósofos? por ¿dónde están los filósofos famosos, consumados, reconocidos, tradicionales, que venden, que son mainstream en el mundo intelectual? Creo que a eso hacía referencia el articulo. Pues ¿si no posees la influencia como vas a poder influenciar? Este es un razonamiento espontáneo, como el razonamiento de quien escribió el articulo en Arcadia. Por lo que si este blog o los filósofos que critican el articulo, y que dicen publicar en la web, no salieron en el articulo es por que aun no son quien para influenciar a nivel global la perspectiva colombiana. y de alguna manera la revista tiene razón. Entonces, la crítica a la revista es solo el ego herido del filosofo aun no reconocido en búsqueda de un ¡Hey mirénme! ¡existo! y ¡hago algo por mi país así no se vea!
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¡Y si hubieran reseñado este blog seguro no habría tanta alharaca! Tal vez se puede interpretar la pregunta ¿dónde están los filósofos? por ¿dónde están los filósofos famosos, consumados, reconocidos, tradicionales, que venden, que son mainstream en el mundo intelectual? Creo que a eso hacía referencia el articulo. Pues ¿si no posees la influencia como vas a poder influenciar? Este es un razonamiento espontáneo, como el razonamiento de quien escribió el articulo en Arcadia. Por lo que, si este blog o los filósofos que critican el artículo, y que dicen publicar en la web, no salieron en el articulo, es por que aun no son «quién» para influenciar a nivel global la perspectiva colombiana. Que es lo que da entender la revista Arcadia. Y de alguna manera la revista tiene razón. Entonces, la crítica a la revista es solo el ego herido del filosofo aun no reconocido en búsqueda de un ¡Hey mirénme! ¡existo! y ¡hago algo por mi país así no se vea!
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Me encanta que este texto, en lugar de descalificar al despistado articulista que no hizo bien la tarea o a los viejitos que entrevistó, se pone en los zapatos de ellos para tratar de entender su posición. Éste me parece un punto de partida más (vacilo en usar el adjetivo) «constructivo» porque permite entrever que no es que ellos estén equivocados y nosotros tengamos la razón, sino que cada generación es producto de su tiempo y responde a las necesidades de la sociedad en la que le tocó vivir.
Destaco esta frase que en mi opinión explica por qué los de Arcadia no encontraron a lso filósofos donde ellos esperaban que estuvieran: «Ejercer la filosofía implica para mi generación la reinvención de la vida académica y la búsqueda de espacios de interlocución y de pensamiento con los que no habíamos soñado«.
Gracias por interactuar.
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Juan Fernando: también a mí me parece que su respuesta muestra más altura y perspectiva. Ya las otras críticas mostraron los errores y sesgos del artículo de Arcadia -varios de ellos que ingenuamente pasé por alto-. Pero sin dejarse llevar por la indignación, las anotaciones de su artículo logran explicar mucho más, al poner en su lugar a los entrevistados.
Es muy esclarecedora la descripción hecha de los rasgos académicos de la generación del paraguas. Sin embargo, me deja la impresión de que queda por desarrollar el punto crucial del argumento: la distinción de aquella academia pasada frente al grupo siguiente que tiene en sus manos reinventar la vida académica. En otras palabras, esa otra vida académica todavía no muestra los rasgos tan definidos. No queda claro cómo, por ejemplo, bajo los estándares empresariales de producción académica pueda darse esa reinvención por cuenta de este otro grupo académico.
Y en esa distinción generacional estaría el punto crucial, porque nadie les niega a los entrevistados lo que ellos mismos implícitamente aceptaron sobre su «distanciamiento» respecto a la realidad nacional. Las críticas de los otros blogs, se muestran pertinentes, o mejor, oportunas, con su despliegue de argumentos e indignación, parecen sin embargo darle mucha importancia al artículo. ¿Por qué? Tal vez porque comparten algo del reclamo formulado en Arcadia sobre el distanciamiento de los filósofos respecto de Colombia. Porque los autores de esas críticas no se identifican ya con los entrevistados, no los ven como portavoces de su propia actividad filosófica.
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¡Y si hubieran reseñado este blog seguro no habría tanta alharaca! CHILLONES!
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Ahora puedo darle más sentido a una frase que me quedó rondando desde que se la escuché por primera vez a Jaime Rubio: «hablamos en español, pensamos en español, soñamos en español».
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Me parece inmenso el valor testimonial de tu respuesta Juan Fernando. Yo también pago el precio de haber creído que mis opiniones no eran importantes, que mi lengua no era una lengua filosófica y que la filosofía no existía en Colombia, al menos no como “verdadera filosofía”. Sin embargo, tú señalas con claridad la desaparición de esa época de negación de sí mismo debido a un conjunto de factores que podríamos llamar “institucionales”: ahora los menos seguros tendrán que actuar con gran seguridad. No está mal. Se trata de una terapia de choque que nos beneficia y nos desdobla.
De hecho, gracias a la reacción en torno al triste e inmerecidamente célebre artículo de Arcadia, mi percepción de la filosofía en Colombia es relativamente optimista. Veo con buenos ojos todos los esfuerzos, es decir, cada intervención que pueda constituirse como intervención filosófica. Yo no pienso que sea más relevante participar del debate público (pero para que éste exista debe haber contra argumentación, objeciones, reelaboración…) que dar un buen curso sobre el Fedro, tener una columna en la prensa o hacer circular un post en Facebook. Siento que al artículo de Arcadia le interesan mucho los números, la estadística, el impacto; y es tanto más paradójico porque sus muestras, esas que usa para construir sus conclusiones, dan risa (diez estudiantes de los Andes, la sección de filosofía de una librería en Bogotá, la opinión de tres filósofos reconocidos…). Sufre de una suerte de idealismo contrahecho: “lo que encontré es lo que hay”.
Tú también lo señalas con gran claridad, el filósofo trabaja con los otros, sus intervenciones no siempre involucran una comunidad grande o pequeña de otros filósofos, en muchas ocasiones se trata de intervenciones “fuera” de la filosofía. En un “afuera” que se hace nuestro por ese mismo gesto “fuera” de la filosofía. La referencia a la circulación anónima del logos y la grafía me recuerda la inmensa masa de textos anónimos medievales que constituyen el acervo documental con el que se trata de construir una historia de las prácticas intelectuales y no de los autores de ideas o de las ideas de un autor.
Sobre la historia de la filosofía en Colombia como tema viable en una facultad de filosofía yo quisiera recordar también el nombre de Jaime Rubio. Tal vez en 1999 o 2000, no recuerdo, participé en su seminario sobre Fernando González, mucho antes de que el CVLaC y la producción industrial-intelectual entraran en nuestras vidas. Incluso una monografía de grado escrita por Jorge Camacho salió de ahí.
Espero que cada uno en su(s) lugar(es), cada uno desde sus obsesiones, cada uno con sus medios y, sobre todo, desde su más profunda libertad, siga construyendo y decostruyendo la(s) tradición(es) que hacen de la filosofía, es al menos mi convicción, un concepto si no totalmente equívoco, al menos con una riqueza de significación que difícilmente se reduce al focal meaning.
Un abrazo,
H
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Es obvio que los filósofos pertenecientes al «Clan de los Filósofos Mojados» no escriban en los periódicos, ni en las revistas de circulación nacional, ni en Facebook, ni en las Cartas de los Lectores, pues no son publicaciones indexadas (eso no da puntos, no sube el sueldo).
También es obvio que los no filósofos, como el periodista, no lean Ideas y Valores, ni Universitas Philosophica, pues sus artículos, con frecuencia y deliberadamente, se escriben en jergas incomprensibles.
¿Dónde están los filósofos? En las marchas, en las organizaciones de la sociedad civil, en el mundo real: hablando como la gente y escribiendo como la gente. Tal vez por eso, nadie descubre que son filósofos.
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